Las primeras 24 horas en casa con tu recién nacido

A continuación te resumimos algunas de las recomendaciones que detallan en la tercera edición de Heading Home With Your Newborn: From Birth to Reality (Llegar a casa con tu recién nacido: del nacimiento a la realidad), publicado por la Academia Estadounidense de Pediatría.

La alimentación

Puesto que sus estómagos son tan diminutos, los recién nacidos comen pequeñísimas cantidades de alimento (de 29 a 89 mililitros, o 1 a 3 onzas) y lo hacen frecuentemente. Algunos quieren el pecho o el biberón cada dos o tres horas, mientras que otros tienen hambre incluso más a menudo.

Algunos bebés anuncian que tienen hambre a fuertes gritos. Sin embargo, otros dan señales más sutiles cuando quieren comer: se chupan las manitas, mueven la boquita como si quisieran succionar o voltean la cabeza hacia el pecho materno o biberón.

Durante los primeros días de vida, los recién nacidos suelen perder cerca de 7 por ciento de su peso. Aunque esto es completamente normal, querrás alimentar a tu bebé cada dos horas, más o menos, hasta que recupere el peso que tenía al nacer.

Los recién nacidos son muy soñolientos, por eso tal vez tendrás que despertar a tu bebé para alimentarlo y motivarlo a mantenerse despierto mientras come. Para mantenerlo alerta, intenta desnudarlo dejándole solamente el pañal. También puedes frotarle suavemente su cabecita o espalda y hablarle. La meta es que cuando lo lleves a su consulta médica de las 2 semanas, pese lo mismo que pesaba al nacer.

Si amamantas a tu bebé, aprende cómo saber si obtiene suficiente leche. Y si lo alimentas con fórmula, lee qué cantidad necesita según su edad y peso.

 

Los eructos, hipos y vómitos

Algunos recién nacidos necesitan que los hagan eructar a menudo, mientras que otros lo hacen naturalmente y prácticamente no necesitan ayuda. Si tu bebé se pone inquieto o irritable mientras come, o al terminar de comer, podría ser una señal de que necesita que lo ayudes a eructar.

También puedes intentar sacarle el aire en los siguientes casos:

  • Al alternar pechos.
  • Cada vez que le des 2 o 3 onzas (59 o 88 ml) de leche.
  • Después de cada toma que dure de 10 a 15 minutos.
  • Cuando termine de comer.

Al cabo de uno o dos días de alimentarlo, descubrirás lo que mejor le funciona a tu pequeño.

Sé delicada cuando le saques el aire a tu bebé. No tienes que golpearle la espalda como si fuera un tambor. Mejor masajéasela en movimientos circulares o dale palmaditas suaves.

Hay diferentes posiciones que puedes probar, como sujetarlo verticalmente contra tu pecho con su cabecita apoyada en tu hombro, sentarlo sobre tus rodillas sujetando su pecho y barbilla con una de tus manos, o acostándolo boca abajo sobre tus piernas.

No te asustes si tu bebé tiene hipo o vomita. Es normal que los bebés tengan hipo y esto no les causa ninguna incomodidad. También es bastante normal que el bebé regurgite o escupa leche durante o después de las comidas, ya sea una pequeña cantidad de comida o lo que parece ser toda la cena.

Sin embargo, si tu bebé vomita en exceso y arquea la espalda o llora cuando lo hace, es bueno que conozcas la diferencia entre el simple reflujo, el cual es normal y mejora a medida que el bebé adquiere mejor control de los músculos de la cabeza, y la enfermedad del reflujo gastroesofágico (o GERD por sus siglas en inglés), la cual requiere tratamiento. Pero no importa cuál sea la causa del reflujo, si tu bebé regurgita con frecuencia, deberás tener siempre una toallita a la mano.

El llanto

Tu recién nacido llorará y eso es algo imposible de evitar o prevenir. La frecuencia, la fuerza y la duración del llanto pueden variar y cambiar con el tiempo, señala la pediatra Laura Jana.

Durante los primeros días, muchos recién nacidos son increíblemente tranquilos y dormilones. Pero al cabo de unas dos semanas, algunos suelen llorar un promedio de dos horas al día. (La duración del llanto suele seguir aumentando hasta la sexta u octava semana de vida y luego empieza a disminuir).

Con el tiempo te será más fácil descubrir por qué llora tu bebé. De momento, guíate en las causas más comunes: tiene sucio el pañal, tiene hambre, está cansado o incómodo.

Si nada de esto parece ser el motivo del llanto, puede que a tu bebé le esté molestando el exceso de estímulos. A algunos recién nacidos les fastidian los ambientes muy ajetreados o de mucha actividad.

También habrá ocasiones, en que tu bebé llorará sin ningún motivo aparente y tendrás que descubrir la manera de calmarlo. Recuerda que es imposible malcriar a un recién nacido, o sea que, responde a su llanto con atención y cariño.

Si no puedes descubrir con facilidad la causa del llanto de tu bebé, no te sientas incapaz, frustrada o incompetente. Procura ser menos dura contigo misma. “Todas las mamás primerizas pasan por eso, hasta las ‘expertas'”, dice Shu. “Hay ratos en que es obvio lo que tu bebé necesita, pero también hay ocasiones en que ¡simplemente no estás segura de nada!”.

El sueño

Tu recién nacido tiene un estómago pequeñísimo. Así que no dormirá demasiado puesto que se despertará con frecuencia para comer. Pero no te preocupes, que todas estas siestecitas, por más cortas que sean, se van sumando y tu recién nacido llegará a dormir un total de 16 a 18 horas diarias.

Anotar cuándo y dónde duerme tu recién nacido te ayudará a identificar sus patrones de sueño y a contestar las preguntas que te haga el médico.

Afortunadamente, los recién nacidos tienen la increíble capacidad de dormir en prácticamente cualquier lugar, ya sea la silla del auto, portabebés, moisés o en tus brazos. Muchos, incluso, prefieren el acogedor y ajustado asiento del auto que su propia cuna, porque esa sensación apretadita les recuerda el útero de mamá.

Es por esto que a muchos bebés de pocas semanas también les encanta que los envuelvan apretaditos en una cobija o manta, como tamalitos. Esta forma de envolverlos reproduce el ambiente al que estaba acostumbrado tu pequeño antes de nacer, a la vez que evita que los sobresaltos y reflejos naturales de sus brazos y piernas lo despierten.

No importa dónde lo duermas, acuesta siempre boca arriba a tu bebé y retira cualquier cobija suelta, edredones, almohadas y juguetes del lugar para reducir el riesgo del síndrome de muerte súbita del bebé (SIDS, por sus siglas en inglés) .

También es importante que jamás dejes solo a tu bebé cuando se quede dormido sobre un sofá o una cama, ya que existe el riesgo de que se dé la vuelta y se caiga, aunque todavía no pueda voltearse por sí mismo.

Una vez que esté durmiendo profundamente, no te sorprendas si lo escuchas hacer ruidos raros. Si su respiración suena como si estuviera resfriado, esto es porque los bebés respiran naturalmente por la nariz.

Puesto que tu pequeño aún no tiene la capacidad de limpiarse la nariz, puedes usar una perilla de succión para limpiársela, lo cual le ayudará a respirar, dormir e incluso comer mejor.