Las Mujeres más Influyentes en la Historia de la Ciencia

Hombres y mujeres han marcado un antes y un después en la historia de la humanidad, a pesar de las dificultades en el camino de estas últimas. Muchas de ellas son grandes protagonistas de gran cantidad de hechos que cambiaron la forma de ver y entender el mundo.

El día 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que reivindica esa lucha por la igualdad de género y hace un homenaje a todas las luchadoras que abrieron el camino hacia una sociedad más justa.

Marie Curie

Nacida en Varsovia en 1867, Maria Sklodowska desentrañó el papel de la radioactividad en el campo de la medicina. Sus experimentos con polonio y radio le valieron dos Premios Nobel, convirtiéndose en la primera persona en recibir dos galardones en distintas especialidades (Física y Química) y la primera mujer en ser profesora en la Universidad de París. Por desgracia, sus investigaciones le valieron también la enfermedad que se llevó su vista y su vida a la edad de 66 años.

Rosalind Franklin

Nacida en Londres en 1920, jugó un papel clave en el descubrimiento de la estructura del ADN, aunque nunca obtuvo el reconocimiento que merecía. Un cáncer de ovario provocado por las repetidas exposiciones a la radiación en sus experimentos y el machismo imperante en la sociedad de la época le privaron del Premio Nobel de Medicina, que fue concedido a sus compañeros de laboratorio en 1962, pocos años después de su fallecimiento.

Hipatia de Alejandría

Nacida en Alejandría (hoy Egipto) a finales del siglo IV, es considerada por muchos la primera mujer científica de la historia: desarrolló múltiples experimentos y fue autora de varios tratados de matemáticas y astronomía, ninguno de los cuales se ha conservado. Murió a una avanzada edad al ser salvajemente asesinada por una turba de cristianos, presumiblemente a causa de su vinculación al paganismo que convulsionaba la sociedad.

Jocelyn Bell

Nacida en Belfast en 1943, Jocelyn Bell fue la primera astrofísica que descubrió la radioseñal de un púlsar, que en un primer momento, denominó “Little green men” (pequeños hombres verdes), al pensar que provenía de una civilización extraterrestre. En 1974, Hewish y Martin Ryle recibieron el Nobel de Física por el descubrimiento de los púlsares sin mención alguna al trabajo de Bell, si bien la científica siempre le ha restado importancia.

Ada Lovelace

Nacida en la Inglaterra victoriana de 1815, esta amante de la filosofía y las matemáticas se convirtió en la primera programadora de la historia. Trabajó con Charles Babagge, “El padre de la computación”, y en sus notas describió el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina, motivo por el que el Departamento de Defensa estadounidense bautizó con su nombre un lenguaje de programación.

Lise Meitner

Nacida en Viena en 1878, participó en el descubrimiento de la fisión nuclear, además de realizar importantes investigaciones en teoría atómica y radiactividad. Una vez más, su aportación fue ignorada a la hora de los reconocimientos y fueron otros los que recibieron el correspondiente premio Nobel, ya que se encontraba en desventaja por partida doble: era mujer y judía. No obstante, el elemento 109 de la tabla periódico recibió en su honor el nombre de Meitnerio.

Dorothy Crowfoot Hodgkin

Nacida en El Cairo en 1910, recibió el Nobel de Química por su estudio de las moléculas de penicilina, insulina y vitamina B12 a través de la cristalografía, sustancias de interés en el diseño de tratamientos para diversas enfermedades. Se convirtió con ello en la tercera mujer en conseguir este galardón después de Marie Curie e Irene Joliot-Curie, hija de la primera.

Sophie Germain

Nacida en París en 1776, en los prolegómenos de la Revolución Francesa, estudió matemáticas de forma clandestina y se carteó con los investigadores más relevantes de su tiempo, siempre bajo pseudónimo. A pesar de hacer importantes contribuciones a la teoría de números y la teoría de la elasticidad, nunca consiguió labrarse una carrera en matemáticas, debido a la condescendencia de sus homólogos masculinos.

Janes Goodall

Nacida en Londres en 1934, tuvo serios problemas para formarse por sus limitaciones económicas, pero finalmente pudo doctorarse en etología y viajar a Tanzania para observar las comunidades primates. Su labor científica ha sido una referencia para generaciones de biólogos y primatólogos, aunque ha sido también objeto de duras críticas por su metodología, ya que no ajustaba estrictamente al método científico.